El partido del pasado sábado en el Palacio era fundamental para asegurar hasta el final de la temporada el poder tener opciones por la permanencia en ACB. Esas opciones ya no existen en la práctica y estamos condenados al descenso. Lo más triste para firmar la recta final de esta esperpéntica temporada es que este descenso lo haya certificado un más que mediocre trío arbitral que tuvimos la desgracia de padecer en el choque ante Manresa. Encabezados (o descabezados) por el señor Bultó, los tres señores que presuntamente arbitraron el partido se encargaron de hundirnos definitivamente.
Casi nunca hablo de los árbitros. No me gusta. Siempre se dice esa gran verdad de que son humanos y como tales se equivocan. Algo más que razonable si eso ocurriera una vez, incluso dos o tres… en cada cuarto. Pero lo que vimos en el Palacio de los Deportes antes de ayer fue una labor concienzuda para intentar sacar del partido al Cebé en cada cuarto. Y a fe que lo consiguieron.
Los tres primeros cuartos tuvieron un desarrollo similar. Calcado. Con muchos momentos de buen juego y puntos para Granada que ejercía una seria defensa sobre los manresanos. Pero esa defensa era contrarestada sin remilgos por el trío arbitral, pitando falta tras falta al Cebé, de tal forma que en menos de tres minutos desde el inicio de cada cuarto, el equipo granadino entraba en bonus y los manresanos encestaban desde la línea de tiros libres a placer para no separarse en el marcador. Fue tan llamativo que, en el primer cuarto, TODOS los puntos del equipo de Manresa, excepto dos canastas de dos puntos, se anotaron desde la línea de tiros libres. Y el equipo catalán acabó el cuarto con una anotación de 16 puntos. Hagan cuentas.
Sin embargo, el equipo granadino llegó con opciones hasta el final. Arriba en el marcador a falta de dos minutos (74-72) para el final del partido, el Cebé fue incapaz de anotar un sólo punto hasta el final del partido, regalando así una victoria inesparada al equipo manresano, que no desaprovechó esos fallos locales. Eso sí, hay que quitarse el sombrero ante un Slokar que lo hizo todo, y bien, para conducir a los suyos a la victoria final. Estoy segura de que la ansiedad pudo a los de Curro Segura en esos minutos finales, lo que unido a la labor arbitral comentada, acabaron por desquiciar a los locales y firmar la victoria del cuadro catalán.
No queda más que esperar un milagro para conseguir una permanencia que se antoja prácticamente imposible. Y que pasa por observar atentamente que hacen Menorca y Alicante en estas ocho jornadas que restan a la temporada, porque Manresa ya se sitúa en una posición mucho más tranquila de cara a este final. Hay que ganar tres partidos más que Alicante (dos más el average de 37 a su favor), y no dejar perder la penúltima plaza en la clasificación respecto a Menorca. Y, si todo esto se cumpliera, además hay que rezar. Rezar muchísimo para que los sucesivos tríos arbitrales que visiten el Palacio tengan errores solamente humanos.






















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