Que Granada es tierra de contestatarios y gente que se sube al carro de la victoria es por todos sabido. Ya si se trata de su equipo de fútbol, la probabilidad de encontrarse con un inconformista/oportunista se multiplica por tres. Pues bien, algo así parece que empieza a suceder en la ciudad de la Alhambra con el Efecto Abel.
Ha sido curioso –gracioso me atrevería a decir-, ver como ciertos sectores de los aficionados, e incluida la prensa, vio el partido del pasado domingo en El Madrigal como una debacle de los de Abel, rayando en exceso la exageración. Sí, para gustos colores y cada uno es de su padre y de su madre, con las opiniones que ello conlleva. Pero esto va de otra cosa.
Estadística y sensaciones van unidas de la mano
Dos de tres o seis de nueve. Utilicen las estadísticas como quieran, éstas dejan bastante claro que Abel ha dado una vuelta de tuerca a la situación tan comprometida en la que se encontraban los de Recogidas 35 al final de la Era Fabri. Pero de lo que hablamos no es de baloncesto o tenis, donde la numerología casi supera al propio espectáculo. Esto es fútbol.
Como dice Valdano,el deporte Rey va de estados de ánimo y el de los rojiblancos ahora mismo debería estar por las nubes. Más allá de lo que dicen los resultados, la fuerza que respalda el proyecto del técnico de Velada se basa en sus ideales. Por primera vez desde que soy cronista del Granada CF para esta casa, veo a un conjunto que sale a morder independientemente del rival, del resultado y, lo más importante, sin contar los escasos recursos con los que cuenta.
Los detalles marcaron el partido
Superar al Betis en el Villamarín o al Málaga en el derbi no serán mis argumentos. Hablemos de la imagen del equipo en Castellón. Lo que para unos fue una derrota no sólo merecida sino alarmante del Granada, para mí fue el reflejo más ilustrativo y virtuoso de lo que puede ser la Era Abel. Presionar a un Villarreal muy superior en cuanto a presupuesto y calidad, intentando monopolizar el control del balón y, para colmo, no cesar en el empeño de buscar el marco de Diego López indistintamente del resultado final, han de ser premisas suficientes para considerar el encuentro en Castellón como correcto –como mínimo- y no como batacazo.
No siempre Íñigo se va a lesionar, ocasionando un boquete considerable en la defensa granadina. No creo que Julio César vaya a cometer un error tan grave como el del tercer gol amarillo, de hecho, se espera que Roberto vuelva por sus fueros. Por último, centímetros son los que separan que el tiro de Borja Valero se convirtiera en golazo, y el de Mikel Rico fuera sólo un susto. Sí señores, detalles que afectaron al mismo bando.
Hubo días en los que se montaba el autobús y se ganaba. Todos callaban, el equipo subía de categoría y San Botón Bendito. Entonces el fin de la Primera División, de abandonar los bajos fondos del fútbol nacional tras tres décadas y media, justificaba los medios que se emplearon, y que conste que no se abusó tanto de la mezquindad futbolística.Por favor, ahora que Abel ha dotado de una identidad propia al equipo, que para más inri congenia a las mil maravillas con la afición, intensa e impulsiva como ninguna, no tratemos de ponerle trabas a un proyecto que puede ser más duradero de lo que algunos se piensan. Aun así, y como sé que a la mayoría de ustedes no les servirán las buenas sensaciones que transmite el equipo, miren las estadísticas y verán que este atisbo de duda en el proyecto Abel puede llegar a ofender.






















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