El día 28 de octubre de 2008 dio comienzo para el que suscribe estas líneas un sueño personal. Aquel día daba un paso que con el paso del tiempo significó un punto de inflexión en mi vida personal y profesional.
Tenía la enorme fortuna en aquella fecha de integrarme al organigrama de trabajadores del Granada CF en calidad de Jefe de Prensa.
Curiosamente he venido recordando en las últimas horas y de manera especial aquel momento. Lo recuerdo con una ilusión enorme pero a la vez con un peso mediático también importante. Percibí tener el respaldo de los medios de comunicación de nuestra ciudad pero también supe desde el primer minuto que se me exigiría como al que más.
Repito, me acordaba hace algunas horas de esos primeros instantes y todo tenía que ver con el veto al compañero Pedro Lara, periodista de dos medios locales, Onda Cero y TG7.
Nada más 'debutar' el primer día con Lara en su espacio radiofónico de mediodía, no se me olvidará como me dijo "te voy a lanzar la primera pullita", refiriéndose a una pregunta de la que no tuve respuesta porque apenas ocupaba ese puesto de responsabilidad unas horas y lógicamente estar al tanto de las interioridades de Recogidas 35 en ese espacio de tiempo, era materialmente imposible.
Cuando terminó aquella conversación telefónica, supe que después de la primera 'pullita' vendrían muchas más. Fueron prácticamente dos años en los que despachaba casi a diario con Pedro Lara en la radio. Hubo incluso momentos simpáticos en aquellas intervenciones que comencé como Jefe de Prensa y que finalicé casi 700 días después en calidad de Vicepresidente.
Se lo dije a él muchas veces. Yo representaba al Granada y accedía cada día a un sainete, el que él mismo había diseñado, en el que cada uno de los actores conocíamos perfectamente nuestro papel -he de reconocer que en los últimos meses me lo sabía de memoria-.
Tuvimos momentos de cordialidad y los tuvimos también de tensión, de enorme tensión. Hubo momentos en los que una vez colgaba el teléfono querría haberlo tenido cerca para decirle 'cuatro cosas'. Incluso, fuera de micrófono alguna vez nos las tuvimos muy tiesas con 'conversaciones' subidas más que de tono -algo que confieso por primera vez porque esta circunstancia la conocen muy pocas personas-, pero jamás se me ocurrió, especialmente en mi etapa como directivo rojiblanco, promover o encabezar un veto a Pedro Lara.
Insisto, podría estar de acuerdo o no con él, estuve muchas más veces en desacuerdo con Lara, que cercanos a compartir ideas e informaciones. Me 'citó en el ruedo' con brío en muchas ocasiones, pero un servidor no entró nunca al trapo.
Yo siempre tuve claro el escudo que tenía cosido en mi pecho y la Institución que representaba. Jamás habría elevado mi tono de voz lo más mínimo ante la audiencia de un programa de radio o televisión porque en aquel instante yo no era Manuel Albendín, era quien representaba al club rojiblanco y por tanto su imagen.
Es por eso que, especialmente basándome en mi experiencia, no entiendo el veto a Lara o el veto a cualquiera a quien pudiera ser sometido a semejante ejercicio. Apuesto por el estado de derecho, apuesto por el diálogo -por supuesto con Lara- y apuesto por la visita a los tribunales de justicia por parte de aquel o aquellos que se sientan injuriados, calumniados o insultados.
Presenciar esperpentos a los que ha sido sometido el compañero Fran Latorre en los últimos días y repetidas veces, siendo literalmente echado de las distintas ruedas de prensa que han ido teniendo lugar, merece mi desaprobación total y absoluta ya que rayan la humillación injusta e innecesaria a un profesional como la copa de un pino, como es el caso de Latorre.
Reconozco incluso haber sentido vergüenza ajena en estas últimas fechas y espero una restauración pronta de la normalidad. Los vetos no pueden tener lugar en el juego democrático en el que teóricamente jugamos en nuestra sociedad. Lo que hemos vivido en las últimas horas no corresponde más que a dictaduras de medio pelo que dañan a personas y por ende a instituciones.
Prefiero mil veces el pecho descubierto de quienes se equivocan un millón de veces, que la cobardía de quien se esconde en la censura y no tiene capacidades ni recursos para reconducir el peor de los escenarios.





















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