“Nadie dijo que esto fuera fácil”. Domingo tras domingo, jornada tras jornada, es la frase que más se ha repetido en la presente temporada. Pues bien, nunca una frase hecha tuvo tanto sentido y tanto de cierto. No sólo no ha sido fácil, sino que ha sido tremendamente duro y difícil. Desde el mismísimo pitido inicial allá por finales de agosto, hasta los agónicos e interminables últimos minutos de Alcorcón, el recorrido del Granada C.F. ha sido cualquier cosa menos un camino de rosas.
Volviendo a Alcorcón, reconozco abiertamente que jamás un partido de fútbol me produjo tanto nerviosismo, tanto miedo y tanto agobio. Con el alma en vilo, sudado como un poseso, la desesperación y los viejos fantasmas de siempre, sembraban una nube de intranquilidad más cercana a cualquier patología que a la incertidumbre propia de un resultado de fútbol. Sólo los que “padecen” y “sienten” esos colores, no les cuesta entender que lo de Alcorcón no era un resultado más o una eliminatoria cualquiera, si no que allí se estaba jugando, seguramente, un futuro para el Granada C.F.
Pero ya pasó, con padecimiento, pero pasó. Los éxitos conseguidos con sufrimiento se disfrutan y se valoran mucho más que los obtenidos de manera natural y desahogada.
Tras el pitido final, ese sufrimiento dio paso a la mayor explosión de júbilo y alegría que esta Ciudad recuerda. Ni aquellas tardes de gloria del viejo “Los Cármenes” ni nunca, se había vivido en Granada algo parecido.
En menos de 48 horas, la afición granadinista ha dado muestras de ser un patrimonio incalculable, ha dejado una impronta imborrable y con toda esa locura maravillosa llena de calor y de sentimientos hacia unos colores, ha conseguido que el ascenso, que la fecha del 23-M, sea ya un recuerdo definitivo e inolvidable.
Los que acompañaron al equipo, los que se agruparon en el Palacio de Deportes y toda
Sólo por ellos, por esta afición con mayúscula, no se debe regresar jamás a categorías que ensucien la dignidad de una afición como la nuestra.
El fútbol nos la debía. La Segunda División es lo menos que esta Ciudad y esta afición merecía y ha merecido siempre.




















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