Los jugadores y cuerpo técnico son pocos y mucho hacen, yo diría que infinitamente más de lo que finalmente dictará la liquidez salarial que percibirán, en su caso. La afición actual, pese a ser mucho menor que antaño, también merece un capítulo aparte y desde los despachos se habrán cometido errores, sin duda, como lo pueden haber cometido los jugadores que fallan canastas fáciles o imposibles o entrenadores quitando a éste o poniendo a aquel en aquellas circunstancias.
Me cansa tener que decir lo mismo pero siempre defenderé que el único error que se ha cometido desde los despachos es el acomodo al ingreso del dinero fácil sin la búsqueda de un sponsor de mayor envergadura que, en tiempos de grandeza económica, hubiera supuesto estampar la camiseta y medio Palacio con la firma agraciada. Lo demás, asumiendo los errores como tales, son los típicos que se cometen cuando se han de procurar las decisiones más acertadas.
Desde el Ayuntamiento de Granada se indica que han sido siete los años en los que se ha ayudado al club tanto con bienes inmuebles como en metálico, léase, instalaciones municipales y un millón por año, respectivamente. Esa cantidad no la ha puesto el Sr. Alcalde de su patrimonio sino todos los granadinos y granadinas, amén de la pasta que a los mismos contribuyentes costó crear el CB Granada SAD y situarlo en la ACB (unos cinco milloncejos de los actuales euros).
En resumen y permítanme la comparativa, los granadinos y granadinas nos hemos gastado una fortuna en adquirir un suelo en pleno centro urbano (lo más caro que se podía encontrar), levantar una casa de categoría acorde a la zona donde se ubica y, a lo largo de los años, gastar una pasta en sucesivas reformas requeridas para luego llamar a una empresa de derribos y demoler ese patrimonio. Lo siento pero es lo mismo que si ahora derribasen el Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital por el hecho de ser una auténtica fuente de pérdidas. Al hilo de esto, ¿qué ha hecho el Sr. Alcalde con el Palacio de Exposiciones y Congresos? privatizar su gestión. Como diría Bernardo Schuster, ¡no hase falta desir nada más!






















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