Me voy a poner ahora la careta de nuestro Alcalde, el que todos los granadinos (incluyo granadinistas de fútbol y baloncesto) votaron en su día en 2003 y reafirmaron en 2007. Tomando la vara de mando consistorial, golpearé dos veces al suelo con su afilada punta y expondré al pueblo mis errores, aciertos y acciones futuras.
Aguarda el silencio de los allí presentes y se despliegan los apéndices que nos permiten capturar las ondas sonoras tan deseadas y, por supuesto, también me espera una densa capa de críticas sobre lo barato que se vende la demagogia a estas alturas de verano. Lo asumiré plenamente.
A lo que iba, que se me marcha el hilo conductor. Diría el Alcalde que es un poco tarde para pedir disculpas por proferir aquello de "la mesa del ascenso". Puedo entender que eran momentos que invitaban a ello -algunos dirán que se lo pusieron a huevo-. Una sobredosis de triunfo. Por eso no debería ser tan duramente criticado. Yo que cien por cien seguro no estoy de nada en esta vida pero puedo garantizar que, si fuera el Alcalde, no habría dicho jamás algo parecido pese a estar en mi casa, el Ayuntamiento, y si así hubiera sido el caso, al día siguiente convocaría de inmediato una rueda de prensa nada más salir de la ducha para rectificar y/o matizar aquellas palabras vertidas fruto de la excesiva ingesta de victoria. Muchos de los que allí presenciaran (en directo o por TV) y presumieran de Alcalde, les cabría la decepción profunda de lo clásico en estos casos: donde dije digo, digo Diego. Seguro que en poco tiempo quedaría todo en una anécdota y aquí paz y después gloria.
¿Qué quedaría entonces, además de anécdota? Quedaría un reguero de acusaciones desde la esquina de Recogidas 35 que sacudiría a una multitud de aficionados del Granada CF de los cuales, aquí el que escribe, siempre se sentirá muy orgulloso de ellos por la valentía de tomar el testigo de un club prácticamente fallecido por los campos de Tercera División y poder disfrutar de dos ascensos que todos nos merecíamos -ellos más aún- y por llevar el escudo cosido en el pecho. Aquellas formas de llevar las cosas resultaban épicas y valorables. Entiendo que este grupo emplee el verbo del insulto como elemento primordial en sus frases. También hay que entenderlos porque, en mi opinión, han sufrido mucho para que nuestro club sea octogenario. Estoy seguro que otros lo habrían abandonado a su suerte. Ellos, los llamados filipinos, estuvieron al frente en todo momento.
El club necesitaba un ascenso y ahora necesita estabilidad tanto en lo deportivo como en el apartado económico. Desde esos cimientos se generará la dosis de credibilidad necesaria para rodearse de empresas y aficionados que respalden el proyecto. Sólo hay que esperar que el tiempo otorgue la razón al proyecto que desde su sillón consistorial nos ha negado. Antes sí y ahora no. ¿Qué ha sucedido para tan repentino cambio de parecer?
Fácil. Las cuentas del Ayuntamiento están no bajo mínimos, están a cero. Muchos proveedores llevan tiempo negándole servicios porque el retraso en los cobros comienza a ser desesperante (hablo de casi dos años). El Sr. Alcalde se escuda en que tanto el Granada CF como el CB Granada son deudores con Hacienda y S.S. y así la culpa nunca es de uno. Sr. Alcalde, ahí había que mostrar cierta gallardía y no apoyarse en la fragilidad del lado débil. Las únicas ayudas que recibirán próximamente tanto el fútbol como el baloncesto de nuestra ciudad vendrán en forma de obras que ZP destinó en su Plan E y la Junta de Andalucía en su Plan Reforma, o sea, nada de dinero pero porque, sencillamente, no lo hay. De las ayudas al CB hablaré en otra ocasión.
Sr. Alcalde, no era tan difícil decir que seguimos en crisis y que los gastos del Ayuntamiento tienen ya comprometidos los ingresos de los próximos años. Es así de sencillo, ¿por qué ignorarlo? o lo que es peor, ¿por qué hacernos creer lo contrario?
Aunque el daño está hecho, no sería tarde rectificar en cuanto viese que el Granada CF alcanza posiciones relevantes en la Liga Adelante y el estadio alcanza cifras de récord en cuanto a asistencia. Respirar ambiente de fútbol profesional es algo impagable y ahora nuestra ciudad lo tiene. No lo deje escapar o, posiblemente, se le pueda escapar su sillón de mando en las próximas elecciones. No lo olvide. La masa de gente que pobló la Plaza del Carmen estaría de su lado o en su contra. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Usted decide.





















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