Polémico partido el que se jugó en el Campo de Los Cármenes el 10 de marzo de 1974, que terminó con el resultado de Granada CF 1- FC Barcelona 1. Aquel encuentro fue calificado por la prensa catalana como "partido extraño, feo y desagradable". La presencia de Cruyff hizo que se produjera un lleno hasta la bandera.
Ha sido en la historia de nuestro Granada quizá uno de los mayores escándalos arbitrales conocidos y recordados por los aficionados ya que se produjeron hechos muy graves durante los noventa minutos. El Granada alineó a Izcoa, Toni, Aguirre Suárez, Falito, Jaén, Fernández, Castellanos, Montero Castillo, Lorenzo, Echecopar (Porta m. 63) y Quiles. El FC Barcelona hizo lo propio con Mora, Rifé, Torres, Costas, De la Cruz, Juan Carlos, Rexach, Asensi, Cruyff, Sotil (Juanito) y Marcial. Los goles fueron de Quiles en el minuto 6 y Juan Carlos en el minuto 50.
El protagonista absoluto del partido fue el colegiado murciano Franco Martínez, que realizó un arbitraje horroroso. Perdió los papeles en el minuto 3 de partido al sancionar un penalti contra el Granada. La jugada se produjo en avance de Sotil que cedió a Marcial y este fue derribado dentro del área por Aguirre Suárez y Castellanos. El árbitro señaló la falta y los aficionados que no estaban de acuerdo con esta decisión empezaron a lanzar almohadillas al área de nuestro equipo. Después de varios minutos se consiguió retirar las almohadillas y se lanzó el penalti marcando Rexach el primer tanto. A la vista de que en el momento del lanzamiento se lanzó al campo una almohadilla el tanto fue anulado, por lo que se tuvo que repetir y entonces paró Izcoa.
Un nuevo escándalo se produjo faltando dos minutos para finalizar el encuentro. Montero Castillo marcó el tanto de la victoria del Granada. Franco Martínez consideró que el jugador del Granada había marcado el gol ilegalmente, según su criterio por haber empujado el balón con la mano por lo que decidió anular el tanto. El masivo lanzamiento de almohadillas provocó que el partido fuese suspendido unos minutos. Después se consiguió que se jugaran los que restaban. El árbitro salió del campo protegido por la policía, que tuvo que acercar al colegiado a la Estación de Albolote, para que tomara el tren. Al regreso a Barcelona, Asensi dijo: “Jugar en Granada, es como ir a la guerra”.
Se produjo una anécdota que yo viví y sufrí en primera persona. Estábamos presenciando el encuentro varios federativos en el palco que tenía asignado la Federación y a uno de ellos, muy significado, se le ocurrió momentos antes de finalizar el encuentro bajar al vestuario para increpar el arbitraje que había realizado el Sr. Franco. Parece que no hubo ofensas graves hacia el colegiado aunque los nervios le produjeron algunos problemas con los amigos directivos y periodistas que intentaron que no se acercara al colegiado por las consecuencias que podía tener para el interesado y su repercusión en nuestro equipo.






















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